Es corriente que las campañas presidenciales incluyan ataques personales directos, ataques a familiares y allegados; falsedades y verdades; la revelación de urdimbres de conductas pasadas y que todo sea válido en la contienda. De la campaña presidencial de 2006 yo esperaba una virulencia especial por incluirse, está vez, un candidato que tiene la condición de presidente en ejercicio. En consecuencia además de su propuesta como candidato debe responder por su gestión como gobernante. Pero estoy perplejo porque mis espectativas de ver una campaña desleal y oscura han sido sobrepasadas.
La renovación del dirigente es siempre la apertura de una esperanza de los votantes de que las cosas cambiaran para su bien; y el camino más sencillo para atraerlos por los aspirantes es atacar “el continuismo” que antes lo encarnaba el candidato afín al gobernante. La presente campaña tiene la complicación para los candidatos opositores es que el presidente es el “continuista” y para el dolor de los opositores es todavía popular; luego los agravios no son indirectos sino que van contra el gobierno. Tiene esta campaña, además, la complicación de que el gobierno del presidente Uribe Vélez fue exitoso en un espectro muy amplio de temas, y que tomó decisiones que otros gobiernos evadieron o dilataron por el carácter impopular que tenían o por afectar a sectores poderosos que siempre fueron considerados intocables.
Los “formadores” de opinión, la prensa amarilla, los corrillos de ociosos y jubilados son los que ganan con la variedad de los “escándalos que se destapan” día a día que han sido inteligentemente dosificados para no abrumar al potencial elector.
El candidato Serpa es experto en el manejo de condiciones adversas al haber sobrevivido políticamente a los ataques en las cuatro campañas presidenciales anteriores en las cuales jugó siempre papeles protagónicos. En la campaña presidencial que ganó Ernesto Samper debió superar, en su carácter de director de debate del candidato, acusaciones que implicaban grabaciones ilegales, dineros ilegales, financiaciones ilegales, amistades ilegales, pactos ilegales. En la campaña siguiente que ganó Andrés Pastrana, Serpa como candidato del liberalismo, llegó triunfante en la primera vuelta, superando la carga de un “piano a las espaldas”, según el canciller de la época y un “elefante”, según el Cardenal, que representaba el continuismo del gobierno anterior; para derrumbarse su candidatura en la segunda vuelta de las elecciones. En la campaña que ganó Uribe Vélez, Serpa como candidato tenía las mayores opciones de ser elegido, pero el favoritismo de su candidatura se diluyó al carecer de una posición definida frente al fenómeno de cogobierno del presidente Pastrana con la insurgencia, que era el tema central en la percepción de los votantes estos prefirieron la propuesta de autoridad y confrontación a la guerrilla del candidato Uribe Vélez. El actual tercer intento del candidato Serpa es el más deplorable para él, pues al abanico de puntos atacables se incluye el que haya sido Embajador de Colombia –represetnado al presiden Uribe–durante dos años y que ahora pretenda desconocer como “ilegítimo” al gobierno que él representó o de que alegue que no hay “garantías” cuando puede moverse por todo el territorio nacional y en la anterior campaña fue devuelto con “la cola entre las piernas” con la cuerda de seguidores en los límites de la zona de distensión en el Caguán por un engreído “comandante” que se mostró decidido con arma en mano a no dejarlo hacer proselitismo en ese “paisito”.
La situación de derrota indefectible y el que Serpa venga repitiendo durante más de veinte años los programas de gobierno más audaces que el votante escucha como promesas incumplidas al tener que oírlas por cuarta vez y soluciones que provienen reiteradamente de la “abuelita” o del “armadillo”; lo dejan en tal desventaja hacen válido que en actos de defensa desesperada, el debate lo haya centrado sobre los ataques que otros hacen al presidente, en lugar de ocuparse en la calidad de su propuesta hacia futuro.
La prensa y los manipuladores de los radio noticieros matinales hacen eco a la campaña oscura del candidato Serpa y los demás opositores para amenizar el contenido sus programas y entrar por la puerta grande en el próximo gobierno de Serpa según sus cuentas.
Estos son algunos de los ataques al presidente candidato que se han debatido en los medios de comunicación como asuntos de campaña.
1. El asesor presidencial José Obdulio Gaviria tiene dos hermanos que fueron condenados por infracciones a la ley 30 hace veinte años. Por fortuna para José Obdulio no tuvieron la malicia los agudos “periodistas” de que, en realidad, si hubieran sido más diligentes en el pasado de su linaje se encuentra el trágico incidente donde un antepasado suyo asesinó al hermano con la quijada de un burro; que otro se burló de su padre ebrio; que otro desobedeció al Dios de Israel y fue expulsado del Paraíso.
2. El coordinador de la campaña del presidente Uribe en el departamento de Magdalena Raúl Montoya Flórez, hace veinte años recibió cheques de Luis Carlos Molina Yepes, amigo de infancia de Pablo Escobar Gaviria, de la misma cuenta donde se pagó al sicario del periodista Guillermo Cano Isaza. Es un fortuna nuevamente que estos “periodistas” no sepan Molina tuvo muchas otras cuentas; que Pablo Escobar de impúber vendía buñuelos en el barrio la Paz de Envigado que repartía en bicicleta y a veces daba “palomas” a los niños del barrio que se lo pidieran. Podrían así descalificar a todos los paisas que se encuentran involucrados en la campaña de Álvaro Uribe pues seguramente montaron en bicicleta con Pablo Escobar o recibieron alguno de los billetes que pasaron por las cuentas de Molina Yepes, o le compraron buñuelos.
3. El hijo del presidente Uribe Vélez está implicado en una investigación académica sobre plagio (copialina) en un trabajo presentado en sus estudios en la Universidad de los Andes. Luego el candidato queda inhabilitado porque seguramente aconsejó mal a su hijo. Por fortuna el papel higiénico se acostumbra hoy desecharlo en la misma descarga de las “aguas mayores”; de lo contrario los “periodistas” encontrarían que el candidato está ligado a la epidemia de cólera que afectó a Europa hace doscientos años.
4. Hace 30 años el finquero Uribe Vélez compró insumos para su finca en Córdoba en un almacén donde Salvatore Mancuso era vendedor; los “periodistas” obtienen la prueba irrefutable de la gran amistad del presidente con el jefe paramilitar de ese “sospechoso” contacto.
5. Un seguidor de la candidatura de Uribe Vélez, agredió a una distinguida dama por no apoyar al presidente. El candidato tuvo que salir a disculparse con la señora por la conducta del seguidor, ante el vuelo que estaba tomando la notica en manos de los "periodistas".
6. El presidente Uribe Vélez propuso al senador norteamericano durante una visita de este al Palacio que le pusieran a los turistas colombianos un “chip” para detectar a aquellos que se quedaran ilegalmente en los Estados Unidos. La oficina del senador confirmó la conversación pero no, si estaban hablando de la serie de televisión Chip o de “potatoes chips”. Yo no he podido "catiar" el nivel ni la fluidez del inglés del presidente, solo me parece que tiene un acento apaisado y que es burdo.
7. El ex director del Das tiene una novela de super agente 77 montada por una persona que borraba archivos electrónicos de ciudadanos con pedidos de extradición para que pudieran salir y entrar del país a cambio "pequeñas retribuciones” y en los relatos de este personaje se han incluido complots para derrocar a Hugo Chávez, listas de sindicalistas para asesinar, fraude electoral para las elecciones parlamentarias, carros blindados para un jefe paramilitar; es tan larga la lista de denuncias acogidas por la prensa que ya me da pereza leer lo que se publica sobre el tema.
De todo esto se saca en limpio que tenemos unos candidatos opositores desesperados que echan mano de cualquier cosa para embarrar al candidato Uribe Vélez, que no tienen altura en el debate porque están abrumados ante la carencia de ideas para presentar una propuesta seria, novedosa y creíble que pueda inducir a los electores hacia su candidatura; y unos "periodistas" desprogramados que sin reparo acogen todas las "güevonadas" que se le ocurran a los opositores.
Si se hurga se encuentra. Bill Clinton no pudo evadir la prueba reina del semen impregnado en un vestido guardado como trofeo por su meretriz y estuvo a punto de recibir el “indictment” que le hubiera costado el cargo de presidente por simples devaneos. Álvaro Uribe Vélez seguramente no tiene el ano inmaculado como político, pero no lo debe tener tampoco el político, ni el periodista opositor que endosa que se propalen estas especies, amañadas para causar daño en la imagen del candidato; todas sin relevancia en la campaña. Porque se está debatiendo es el futuro de la sociedad colombiana, no el pasado de los allegados al candidato.
La situación del país no está para seguir debatiendo frivolidades; hay una amenaza de terror que es cierta, directa y anunciada. El futuro no es luminoso en el campo internacional, con el "cachorro" o "perrito faldero" de Fidel, en la frontera y sus declaraciones estravagantes; en lo económico se inicia el ajuste del Tratado de Libre Comercio; el gobernante de los próximos cuatro años debe enfrentar estos problemas de gran envergadura política y el candidato con mayores probabilidades de sotearlas exitosamente es Uribe Vélez. Hace cuatro años él representaba "la caverna", hoy los cavernícolas y lo están confirmando con el discurso y las artimañas que utilizan son Horacio Serpa y Carlos Gaviria.
La principal fenómeno para combatir es la corrupción de la clase política que ha hecho de la democracia un remedo; de las leyes una bazofia que acomodan a sus intereses; de la justicia un show. Otra, no menos grave, por sus efectos en la opinion, es la renovación del periodismo manipulador, con opositores taimados que no tienen claro, ni les interesa, el país que tendrían los colombianos, si ellos fueran los dueños de la opinión del ciudadano corriente y se lo creen por tener se swiche de un micrófono y logran voltear la intención del votante como lo intentan.