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La elección presidencial: Dos perdedores

Francisco Cifuentes

Los colombianos activos en las elecciones presidenciales esco­gieron por amplia mayoría en la primera vuelta (7,3 millones de votos que representan el 62% del total) al candidato Álvaro Uribe Vélez quien queda investido con la dignidad y la responsabilidad del gobierno de Colombia hasta agosto del año 2010.

Los resultados de la elección dejaron en el camino las aspiraciones de otros candidatos que aglutinaban la oposición a la propuesta del actual gobierno y su continuidad. El candidato del partido Polo Democrático terminó con el 22%  de la votación; y el candidato del partido Liberal en tercer lugar con el 12%.

La contundencia de las cifras del ganador ratifica el respaldo de los electores a las políticas y programas del presidente candidato y deja en evi­dencia los errores de los opositores que aprendieron por la vía dolo­rosa lo que negaron durante toda la campaña.

La pobreza de los programas opositores, contra los resultados de gestión del gobierno, se reflejaron en las tácticas difamatorias, el discurso mentiroso, y los ataques sucios que desplegaron como temas principales. Aún en los momentos de reconocimiento de la derrota electoral, siguieron pelando el cobre para demostrar que encarnarnaban ellos a verdaderos candidatos de segunda categoría.

El balance de lo que interesa sobre la campaña pasada lo centraré en dos aspectos: Los medios de comunicación y la juventud. Los colombianos electores están de espaldas a los “periodistas” y a los manipuladores de la opinión. No recuerdo un candidato en las campañas que he vivido que haya tenido una proporción tan grande de los medios de comunicación y de colum­nistas  cargados en su contra. Álvaro Uribe Vélez superó la barrera de artimañas, mani­pu­la­ciones y subterfugios que le tendieron gratui­tamente los “jefe­cillos de debate” de la oposición en que quedaron convertidos la mayoría de los directores de los pro­gra­mas radiales, periódicos y semanarios. Los responsables de los medios escritos y radiales son los grandes derrotados, su mensaje no fue escuchado por las mayorías, su incapacidad de convocatoria quedó demos­trada. El “periodismo serio” con el comportamiento obstinado en está campaña quedó arropado en mero periodismo de farándula y de entre­te­nimiento.

La juventud, activa en política, fue la segunda gran perdedora de la campaña electoral; las grandes mayorías de ellas se plegaron al programa del candidato del Polo, que presentó a un candidato rancio, opor­tu­nista, y manipulador; él ofrecía la caverna del dogmatismo como la luz del futuro. En el estertor de su campaña reconociendo la derro­ta arrastró a está juventud al canto de viejas consignas estú­pidas y sin esperanza con el desperdicio de la crea­ti­vidad inna­ta de este maravilloso grupo de colombianos.

Yo lamento que no se vislumbre en el horizonte político un líder de oposición que tenga la convicción y la frescura de la juventud. Quedó esta generación sometida, en lo político, a los resabios y rencores de unos “jóvenes viejos” todos mayores de 50 años, o verdaderos an­cianos a quienes aceptan como directores del destino sin ningún cues­­­tionamiento de su pasado y sus ejecutorias anteriores. Esta elección fue la opor­tu­nidad de la juventud para hacer valer el peso de sus mayorías y la enorme superioridad de su energía y entu­sias­mo. Quedan cuatro años donde la juventud activa en política quedará a la deriva de participar en el destino del país los nombramientos del magistrado Pinilla en la Corte Constitucional y el muy probable de Turbay junior como contralor son muestras de los vientos que soplaran en estos cuarto años. Mi temor prin­cipal es los jóvenes elijan, como alternativa de vida, sumergir sus sueños tapo­nándose los oídos a la realidad con los audífonos de los iPods, con­vir­tién­dose en autistas políticos y sociales.


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