Los colombianos activos en las elecciones presidenciales escogieron por amplia mayoría en la primera vuelta (7,3 millones de votos que representan el 62% del total) al candidato Álvaro Uribe Vélez quien queda investido con la dignidad y la responsabilidad del gobierno de Colombia hasta agosto del año 2010.
Los resultados de la elección dejaron en el camino las aspiraciones de otros candidatos que aglutinaban la oposición a la propuesta del actual gobierno y su continuidad. El candidato del partido Polo Democrático terminó con el 22% de la votación; y el candidato del partido Liberal en tercer lugar con el 12%.
La contundencia de las cifras del ganador ratifica el respaldo de los electores a las políticas y programas del presidente candidato y deja en evidencia los errores de los opositores que aprendieron por la vía dolorosa lo que negaron durante toda la campaña.
La pobreza de los programas opositores, contra los resultados de gestión del gobierno, se reflejaron en las tácticas difamatorias, el discurso mentiroso, y los ataques sucios que desplegaron como temas principales. Aún en los momentos de reconocimiento de la derrota electoral, siguieron pelando el cobre para demostrar que encarnarnaban ellos a verdaderos candidatos de segunda categoría.
El balance de lo que interesa sobre la campaña pasada lo centraré en dos aspectos: Los medios de comunicación y la juventud. Los colombianos electores están de espaldas a los “periodistas” y a los manipuladores de la opinión. No recuerdo un candidato en las campañas que he vivido que haya tenido una proporción tan grande de los medios de comunicación y de columnistas cargados en su contra. Álvaro Uribe Vélez superó la barrera de artimañas, manipulaciones y subterfugios que le tendieron gratuitamente los “jefecillos de debate” de la oposición en que quedaron convertidos la mayoría de los directores de los programas radiales, periódicos y semanarios. Los responsables de los medios escritos y radiales son los grandes derrotados, su mensaje no fue escuchado por las mayorías, su incapacidad de convocatoria quedó demostrada. El “periodismo serio” con el comportamiento obstinado en está campaña quedó arropado en mero periodismo de farándula y de entretenimiento.
La juventud, activa en política, fue la segunda gran perdedora de la campaña electoral; las grandes mayorías de ellas se plegaron al programa del candidato del Polo, que presentó a un candidato rancio, oportunista, y manipulador; él ofrecía la caverna del dogmatismo como la luz del futuro. En el estertor de su campaña reconociendo la derrota arrastró a está juventud al canto de viejas consignas estúpidas y sin esperanza con el desperdicio de la creatividad innata de este maravilloso grupo de colombianos.
Yo lamento que no se vislumbre en el horizonte político un líder de oposición que tenga la convicción y la frescura de la juventud. Quedó esta generación sometida, en lo político, a los resabios y rencores de unos “jóvenes viejos” todos mayores de 50 años, o verdaderos ancianos a quienes aceptan como directores del destino sin ningún cuestionamiento de su pasado y sus ejecutorias anteriores. Esta elección fue la oportunidad de la juventud para hacer valer el peso de sus mayorías y la enorme superioridad de su energía y entusiasmo. Quedan cuatro años donde la juventud activa en política quedará a la deriva de participar en el destino del país los nombramientos del magistrado Pinilla en la Corte Constitucional y el muy probable de Turbay junior como contralor son muestras de los vientos que soplaran en estos cuarto años. Mi temor principal es los jóvenes elijan, como alternativa de vida, sumergir sus sueños taponándose los oídos a la realidad con los audífonos de los iPods, convirtiéndose en autistas políticos y sociales.