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El fracaso de la reforma política

Francisco Cifuentes

La reforma a los partidos políticos, acto legislativo 02 de 2003, pretendía entre las propuestas pilares “acabar con los partidos de garaje”. Para lograr este objetivo se estableció un nuevo sistema de distribución de las curules en las elecciones para cargos públicos que incluyen la “cifra repartidora” como un mecanismo diferente de los juegos de residuos y cuocientes que se utilizaban antes de la reforma; asimismo la representación jurídica y los privilegios de financiación de los partidos con fondos oficiales fue otro instru­mento que registró reformas buscando elevar el mínimo de los votos necesarios para conservar la personería jurídica de los partidos. Se estableció un umbral del número de votos equivalente al 2% del total de votos emitidos (el estimado para las próximas elecciones es de 220 mil votos mínimos) necesarios para que los votos por un determinado partido sean contabilizados a su nombre y reconocidos por la Registraduría en la jornada electoral y para que el partido conserve la credencial y sea acreedor a la financiación estatal. Los votos de los partidos que queden por debajo del umbral no se contarán en el escrutinio para ese partido y solo se tendrán en cuenta para la determinación de la votación total para el cálculo de la “cifra repartidora”. El partido excluido del conteo no tendrá ningún reembolso por la votación, perderá el derecho a recibir fondos oficiales para su funcionamiento y a participar en la elección de los “magistrados” del Consejo Nacio­nal Electoral. Este nuevo método de escrutinio elimina la parti­cipación en los comicios de partidos o movimientos aventureros, de las microempresas electorales que no solo no reciben los fondos oficiales por restitución por los votos obtenidos y de los partidos familiares o unipersonales. La pérdida de la personería jurídica obliga a los intere­sados en mantener el partido a volver a gestionar y recolectar las firmas por el mismo porcentaje (220.000) si quieren obtener personería jurídica como “grupo significativo de ciudadanos”. En las actuales elecciones parlamentarias los ex alcaldes de Bogotá recurrieron a este meca­nismo. La reforma busca también eliminar la parti­cipa­ción de movimientos regionales en las votaciones nacionales por la dificultad de obtener el mínimo de los votos necesarios en regiones con poca concentración de población.

La reforma buscó también reducir la proliferación de listas y obliga a los partidos a inscribir en una sola lista los candidatos avalados por el mismo. En el sistema anterior un partido podía expedir avales a los candidatos sin límites ni condicionamientos. El candi­dato se postulaba como cabeza de su propia lista. Este meca­nismo conocido como “operación avispa” fragmentaba la disci­plina del partido y descentralizaba la campaña para que el candi­dato buscara los votos en su región. Los partidos se limitaban a ser meros expedidores de avales y en retribución disfrutaban de las “regalias” por la explotación de “la marca” por medio de la financiación del Estado. La prolife­ración de listas hacía muy complejo el proceso de votación y amenazaba con convertir la jor­nada electoral en un verdadero caos, por la gran cantidad de listas que se estaba presentando en cada jornada, pues con las expecta­tivas de jugar con los bajos residuos electorales un candidato podría tener serias aspiraciones de resultar elegido si contaba con la expectativa un residuo de 35 mil votos cuando aspiraba al Senado y de 15 mil a la Cámara.

En las pasadas elecciones parlamentarias de candidatos al Senado se presentaron 235 listas y de ellas, tres lograron elegir el segundo renglón de la lista, 10 obtuvieron la curul por cuociente (91 mil votos) y las 86 listas restantes la obtuvieron por residuo siendo el menor de 40 mil votos.

En las elecciones parlamentarias de 2006 que son las primeras elecciones parlamentarias bajo las normas de la reforma se inscri­bieron al Senado 20 listas de candidatos por la circunscripción nacional con 615 candidatos y dos listas por la circunscripción indí­gena.

En la propuesta inicial de la reforma se contemplaba que los candi­datos elegidos lo fueran según el orden riguroso de la lista del par­tido de acuerdo a las curules obtenidas, este orden prefijaba el remplazo las vacancias del titular automáticamente. Pero en los debates de la reforma se optó porque las listas podían ser también abiertas, es decir con voto preferente del elector dentro de la lista del partido para cada candidato dentro de las lista, lo que resta importancia al número de orden del dentro de la lista y así, los candidatos que obtengan la votación superior dentro de la lista serán los acree­dores a las curules obtenidas por el partido de acuerdo con la “cifra repartidora”. Es decir, las listas se reordenan según la votación al interior de la lista. Esta moda­li­dad de votación por las listas con votos preferente ha creado confusión en la publi­cidad política de los partidos que siguen desdibujados en la opinión ciudadana, el énfasis y la percepción del elector es que de que se vota por una persona en particular y no por un partido. Este es un resultado contrapro­ducente para el obje­tivo de la ley de “forta­lecer” los partidos.

En el proceso previo a las inscripciones de las listas se vio en toda su magnitud el fracaso de la Reforma. Verdaderas parodias que llevan a risa se dieron con el trasteo de los candidatos para inscribir en las listas los que contaran con el mayor potencial electoral. En esencia los partidos quedaron convertidos en alianzas de micro­empresas electorales cuyos cabecillas rehuían al tormento de la muerte jurídica de sus movimientos por el peso de la cifra repar­tidora imposible en sus contabilidades de electores. Ver la venta de conciencias; las disputas de los directores por las vedetes (Cecilia, Gina, Martha Lucía, María Ema) para incluirlas como cabeza de lista. Asora encontrar antagonistas políticos viscerales uno al lado del otro, cada uno con una vela encendida para ser el elegido y con un maleficio o conjuro bien hecho para que su compañero se hunda. Apesadumbran los descabe­zamientos y excomuniones de “los corrup­tos” de las listas, sin fórmula de juicio; las designaciones impensadas y hechas a dedo; la devo­lución de favores de las directivas de los partidos a sus favoritos y las traiciones a última hora; la fiesta en la repartija de los detestables “delfines” (Gaviria, Pachón) y "delfincitos" (Angarita, Char, Valencia) que solo saben nadar aguas arriba dentro de las listas y las jerarquías de los partidos sin ningún otro mérito personal que la falta de imaginación que demuestran para encontrar espacios en la activi­dad privada en la que se requiere inteligencia y dedicación para triunfar; el descaro con los electores de los candidatos inhabilitados y la negligencia de los dirigentes al incluirlos en las listas sin la más elemental revisión; "la lucha clases" en los partidos de la izquierda con el retiro masivo de los aspirantes a candidatos de estrato 9 de las listas; la aventura de los partidos unipersonales de religiosos em­bau­cadores de su feligresía (Chamo­rro, Piraquive, Gómez) combinando los reinos de la tierra y del cielo para su beneficio, y el partido unifa­mi­liar del senador More­no de Caro son parte del es­pec­táculo deplo­rable de los deshechos en sistema político que ha dejado la Reforma y prueba ineludible e irrefutable del grave estado de la organización partidista del país, cuya clase directiva en definitiva está de espaldas de los electores.

Amanecerá y veremos; alguna satisfacción me dará mirar las listas de los quemados luego del proceso; el juego es muy largo plazo y yo tengo trasero para aguantarlo los próximos cuatro años.


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Recursos

Lista de candidatos al Senado. Según el boletín de la Registraduría Nacional.

 Lista de los candidatos al senado (según Registraduría) (pdf) 
                                         
Lista de candidatos inhabilitados (según Procuraduría) (pdf)



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